Una lección de integridad y honestidad en Madrid que nunca olvidaré

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La tarde del sábado estaba en la cola de la caja en un supermercado, esperando mi turno para pagar la compra de unas cosas que María José necesitaba para hacer ese maravilloso y espectacular risotto que prepara, ya que teníamos pensado invitar a unos amigos a comer en casa (quienes, por cierto, no pudieron venir y nos tocó la dura tarea de comernos esa delicia nosotros solos); cuando sucedió algo que muchos podrían considerar increíble, una lección de honestidad e integridad que nunca olvidaré.

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Esta fue la foto que logré obtener de la señora… por supuesto la difuminé un poco por razones éticas

Una señora, que calculo tendría poco más de 70 años, estaba un par de puestos delante de mi en la cola poniendo la compra en la cinta de la caja para que el chico facturara. El producto que dejó de último fue un cepillo de cabello y, cuando el cajero lo pasó por el lector de códigos, ella le dijo: “este cóbramelo, pero no me lo voy a llevar, porque hace un par de días me llevé uno sin darme cuenta y lo que quiero es pagarlo”.



En ese momento se hizo un silencio de sepulcral entre todos los que estábamos alrededor y escuchamos aquellas palabras. Cuando el cajero salió de su asombro, le dijo: “señora, casi nadie haría eso. Gracias”. Por un momento me quedé pensando en las palabras del joven… Probablemente sea cierto pues pocas personas se tomarían la molestia de pagar algo que se llevaron por error de un supermercado (donde ni siquiera se dieron cuenta) y mucho menos de uno que pertenece a una de las empresas más grandes de España como lo es El Corte Inglés, considerando que el producto cuesta menos de dos euros.

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Acá el cepillo en cuestión

Sin embargo, esta lección no se trata del monto en euros (o en la divisa que sea), sino de la integridad personal y la honestidad. Lo primero que vino a mi mente fue cómo ese pequeño gesto representa la esencia más genuina de algo que en Venezuela se ha perdido: la convicción y el deseo colectivo e individual de hacer lo correcto; una actitud que hace grandes a los países y a las sociedades. Si todos hiciéramos lo correcto, el mundo sería muy distinto y, por supuesto, nuestro país también.

Probablemente esos dos euros no signifiquen nada para el Corte Inglés. Lo más seguro es que eso esté incluso contemplado en la previsión de pérdidas de su contabilidad; pero nada me quita de la cabeza que, para esa señora, haber pagado el cepillo que se llevó por error representa la diferencia entre dormir tranquila o no hacerlo.

Seamos más como esa señora. Hagamos lo correcto. Todos podemos poner un granito de arena en la construcción de un mundo mejor, sin importar en qué ciudad o país estemos. La tranquilidad de la conciencia es algo que no tiene precio, que se los digo yo. Nuestras acciones positivas nos convierten en mejores seres humanos, pero también transforman la realidad y las circunstancias a nuestro alrededor. Como dijo Mark Twain, sobre la honestidad, es “la mejor de todas las artes perdidas”.

Enrique Vásquez

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