La mayoría de los que emigramos, ni extrañamos Caracas ni tenemos fotos del Ávila

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En días pasados asistí a un show que la impecable actriz venezolana Elba Escobar presentó en Madrid. Ella hizo, como siempre, un trabajo magistral sobre las tablas. A pesar, incluso, de que el guion no parecía estar a la altura de una profesional de su calibre.

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Parque Nacional Mochima visto desde los Altos de Santa Fé

Sin embargo, este artículo no es para hablar del montaje de la obra; sino para referirme a una parte del monólogo que me generó mucho ruido. En un momento en el que se referían a la canción Cerro Ávila de Ilan Chester, el personaje de Elba dice algo que va mas o menos así: “Todos los venezolanos que emigramos tenemos una foto del Ávila en nuestra casa”.



Esa afirmación resume, de forma alegre e irresponsable, algo que lamentablemente es muy común en Venezuela… y es que aquellos que han hecho vida en Caracas se ven tentados a creer que nuestro país es la capital y nada más.

De hecho, muchos están seguros de que la famosa (y despectiva) expresión “Caracas es Caracas y lo demás es monte y culebra”, es cierta; cuando la verdad es que Venezuela es mucho más que la ciudad más peligrosa y violenta del mundo; una urbe contaminada, llena de basura, que no produce nada… y que tiene al norte una montaña que muchos idolatran como si fuera el misil nuclear de la primera película de “El Planeta de Los Simios” (sí, esa misma, la de 1968).

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Bahía de Pozuelos vista desde el Paseo Colón de Puerto La Cruz

Si bien nací en Caracas, a los cinco años (a principios de la década de los 80s) me llevaron a una zona rural cercana a Puerto La Cruz. Fue allí, entre idas de luz, falta de agua, sin teléfono, con sólo una televisora y un transporte público que dejaba de trabajar a las 6:00 de la tarde, pero también con unas playas paradisíacas, un clima cálido y soleado todo el año, rodeado de naturaleza, con gallinas, perros, gatos, pájaros, iguanas y muchos árboles frutales en casa; donde crecí, estudié, me formé, terminé mi carrera universitaria, trabajé y me hice quién soy hoy en día.

Para bien o para mal, amo el Parque Nacional Mochima, tener una “empanadera” en cada esquina (con las mejores empanadas del mundo), comenzar y terminar las rumbas a la orilla de la playa sin importar el día ni hora, porque era en “Playa Cangrejo” dónde íbamos a beber los fines de semana y también dónde terminábamos comiendo perros calientes a las 3:00 am antes de irnos a casa.

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Playa Lido, Lechería, Anzoátegui

Pero ya que de montañas hablamos, para quienes somos de la zona “Puerto La Cruz – Guanta – Barcelona – Lechería”, nuestra referencia es el “Cerro el Morro”, un sitio que visité desde que tenía 16 años de edad, de día o de noche, en coche, con amigos a beber, o con alguna chica que me interesaba y con la que, contemplando una vista maravillosa de toda la ciudad junto a los tragos de alguna “guarapita”, probablemente terminaba “teniendo algo”… Porque a nuestro “Morro” podemos subir en automóvil y disfrutar desde allá arriba una vista privilegiada de cómo se funde el Mar Caribe con el cielo, las islas y la ciudad.

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Vista desde el Cerro el Morro de Lechería, Anzoátegui

Otro sitio espectacular del oriente venezolano es Los Altos de Santa Fe, en el estado Sucre (aunque técnicamente está más cerca de Puerto La Cruz que de Cumaná) y es, ¿o quizás era?, un lugar paradisíaco el calor de la playa se disipaba, ya que se sitúa en la parte superior de la Cordillera de la Costa (la misma a la que pertenece el Ávila) y desde la que podemos observar en todo su esplendor el Parque Nacional Mochima, así como uno de los atardeceres más hermosos del país, quizás sólo superado por los de Juan Griego en Margarita.

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Atardecer desde los Altos de Santa Fe en Sucre

Mi foto, esa que según Glaidys (el personaje que interpreta Elba Escobar) es o debería ser el Ávila; es de mi querida Puerto La Cruz… Una panorámica hermosa que tomé desde el techo del edificio donde vivía, y en la que se puede admirar parte de la ciudad teniendo al fondo el Mar Caribe y la isla “La Borracha” que adorna la Bahía de Pozuelos.

Estoy seguro de que los llaneros tienen una foto de su llano querido, los merideños alguna del Pico Bolívar o de Tovar; los maracuchos, por supuesto, de su querido puente Rafael Urdaneta o de la basílica de La Chinita, la gente de Falcón de sus médanos, los de Bolívar del parque La Llovizna o los margariteños de las Tetas de María Guevara, de Vallita o de una playa de Pampatar… y así sucesivamente. Cada uno extraña su pedacito de tierra.

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Atardecer en Playa Mansa, Lechería. Anzoátegui

En Venezuela había, hace algunos años, unos 30 millones de habitantes. De esos, tan sólo 5 o 6 millones vivían en la Gran Caracas. Por lo tanto, al menos 24 millones de personas NO EXTRAÑAMOS, NI NOS INTERESA EL ÁVILA. Incluso, conozco venezolanos que viven actualmente en el extranjero y que solo han visto ese cerro en fotos o videos.

Así que, por favor, amigos caraqueños… Recuerden que Venezuela tiene 916.445 km2, lo que obviamente es mucho más que ese pedacito de 777 km2 sobre los que se extiende Caracas. La mayoría de los venezolanos no tenemos ningún sentimiento especial por el Ávila y mucho menos por Caracas, porque no extrañamos su ciudad sino la nuestra.

Enrique Vásquez

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